sombrereriaLos retailers más importantes siguen posicionándose en las principales calles comerciales; están obligados a tener una presencia considerable en ellas porque aquí es donde está el consumidor. Y es que no sólo los ciudadanos locales pasean por estas calles a diario, sino que es lo primero que los turistas marcan en sus guías de viaje y en los mapas que reciben en los hoteles: el centro de la ciudad.

El marketing retail explica esta estrategia: la posibilidad de vender más por el flujo de gente y además proyectar la marca en el mundo, ya que millones de turistas de decenas de países vivirán la experiencia de comprar en estas tiendas. A principios de los años noventa, seis de cada diez comercios en estas calles eran tiendas tradicionales. A lo largo de los años, los grupos verticales han propiciado que muchas de estas tiendas o cierren o se relocalicen en zonas secundarias. Pero a día de hoy, aún existen pequeños comercios legendarios en las calles principales de las capitales españolas. ¿Cómo es posible si los precios del metro cuadrado son prohibitivos? ¿Si hasta para los grupos multinacionales es difícil y algunos mantienen tiendas perdiendo dinero con el único propósito de ganar presencia de marca? La respuesta la encontramos en los alquileres de “renta antigua”, es decir, rentas bajas y sin actualizar a precios de mercado anteriores a la actual ley de arrendamientos urbanos.

La actual Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) es una ley de noviembre de 1994. Sin embargo, es necesario hablar de ley actual porque junto a ella conviven otras leyes de fechas anteriores que rigen muchos de los contratos de arrendamiento que hoy se encuentran en vigor. La más importante es la Disposición Transitoria tercera de la Ley de 1994 que se centra en los contratos de arrendamiento de local de negocio celebrados antes del 9 de mayo de 1985. En esta fecha se promulgó el R.D 2/1985 de 30 de Abril sobre medidas de Política Económica, conocido como “Decreto Boyer”, por medio del cual se pretendía dar un giro a los contratos de alquiler suprimiendo la prórroga forzosa que dotaba de carácter vitalicio los contratos a favor de los arrendatarios de viviendas y de locales. Este tipo de contratos de arrendamientos de local de negocio siguen rigiéndose por las normas contenidas en el Texto Refundido de la Ley de 1964. La regla general es que los contratos se extinguirán con la muerte o jubilación del arrendatario, salvo la posibilidad de dos subrogaciones a favor del cónyuge o descendientes. Si sobrevive el cónyuge al fallecimiento o jubilación, éste tendrá derecho de subrogación, por regla general siempre que continúe con la actividad desarrollada en el negocio y no se cumplan algunas de las limitaciones que se indican en el precepto. En defecto de cónyuge o cuando éste ya se haya subrogado y fallezca o se jubile, existe la posibilidad de que los descendientes continúen la actividad, pero con una limitación: el contrato de arrendamiento quedará limitado a que se completen veinte años desde la entrada en vigor de la Ley de 1994, fecha que se cumple el 1 de enero de 2015.

Por lo tanto, la tragedia para estos comerciantes se acerca, mientras que la alegría para los dueños de estos inmuebles está a la vuelta de la esquina y es que a final de 2014 vence esta ley. El camino de la negociación hacia un acuerdo amistoso parece la forma más inteligente de poder mantener uno de estos negocios, que uno tras otro ya están echando el cierre por la inminente actualización de las rentas (muchos no pueden permitirse seguir comprando género para dentro de seis meses sin saber cuál será su futuro).

Esta situación tiene dos lecturas y no podemos generalizar, sino que habría que entrar en cada caso concreto. Conozco algún que otro negocio en el que el inquilino está pagando 1.200€ de renta en un local en el que hoy se pagarían 30.000€. El dueño del inmueble, perteneciente a una familia normal y corriente trabajadora que heredó el local, malvive viendo como el arrendador ha ganado millones de euros durante años vendiendo con un local prácticamente gratis. Pero por otro lado, hay muchos casos en los que negocios centenarios como farmacias del siglo XIX o comercios de hace doscientos años, como sombrererías emblemáticas de nuestro país, han ido negociando cada cierto tiempo y actualizando la renta, pero no podrán asumir una nueva actualización a precios de hoy.

¿Habría que dejar morir estos negocios legendarios que representan el comercio de nuestro país? La realidad es que hay empresas dispuestas a pagar cantidades desorbitadas de dinero por un local en un sitio privilegiado en las mejores calles de España y parece que ésta es la puntilla para que el comercio tradicional esté predestinado a desaparecer por completo del centro de las ciudades. Pero soy optimista, y estoy seguro de que aunque la reorganización de las calles comerciales en España parece inevitable, seguiremos encontrando muchos de estos negocios en otras zonas estupendas de las ciudades que se pondrán de moda. Espero que en el futuro, como ocurrió con el casco antiguo y moderno de las ciudades, coexistan dos entornos comerciales igual de interesantes: uno más moderno y con todos los retailers internacionales y otro mas tradicional con sabor a pequeño comercio independiente.

¿Qué opináis de la nueva ley y cómo creéis que se podrían salvar estos comercios legendarios?

SOBRE EL AUTOR:

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  1. Manuel Jesús Ferrández 15/06/2014 a las 18:35 - Reply

    La próxima burbuja sera en las masivas aperturas de tiendas de las marcas…. se van a comer unos a otros y solo van a poder competir en precios…. Y ya sabemos lo que pase cuando se compite en precio……

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