china2En el año 2001 tuve la suerte de vivir y trabajar en China casi dos años. Esta experiencia que nunca olvidaré, ha hecho que nunca pierda de vista este fascinante país y siempre me haya interesado por su cultura, comercio, empresas y su peculiar gobierno (el Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de China). Mucho ha cambiado el país en estos años…Por esta y algunas otras razones me ha apetecido compartir con vosotros algunas líneas de mi visión del futuro de unos de los países más extraordinarios del mundo.

Aunque el PIB del gigante asiático no haya parado de crecer desde la década de los 60, el país ha sufrido una desaceleración alarmante desde el año 2010. Antes de la crisis mundial, la economía de China logró crecimientos anuales de más del 10%, y propició que escalase de la séptima economía del mundo a la segunda en un corto periodo de tiempo. Pero este año, el gobierno a duras penas conseguirá un incremento del PIB del 7,5%. El problema radica en que para la mayoría de las economías es suficiente un incremento del PIB del 3% para crear empleo y fortalecer la competitividad. En cambio China, por su modelo productivo, necesita crecer a un mínimo del 7,2% para crear los 10 millones de empleos anuales que necesita el país. Aunque el gobierno desde hace décadas controla la natalidad, como mínimo hay más de 7 millones de nacimientos al año. Por otro lado, el proceso de migración de los campesinos a las ciudades en busca de mejores oportunidades laborales sigue aumentando. Más de 280 millones de chinos se han trasladado de las zonas rurales a las ciudades desde la década de los 60.

¿Cuáles han sido las causas de esta desaceleración de la economía?

Por un lado las exportaciones, el principal motor del dragón asiático de los últimos 25 años y que suponen el 30% del PIB, han empezado a flaquear. La crisis mundial, provocando un descenso de la demanda por parte de los países occidentales, ha hecho mella sin lugar a dudas. Podríamos preguntarnos: pero países emergentes como Rusia, Brasil, Colombia, México y Sudáfrica entre otros han crecido a ritmos de dos dígitos en los últimos años. ¿No han compensado estos países la caída del consumo de Europa y de Estados Unidos? La respuesta es un no rotundo, ya que la mayoría de estos países son muy proteccionistas en lo que se refiere a la producción local. Prácticamente todos estos gobiernos han protegido a sus empresas y a sus trabajadores con aranceles a los productos asiáticos de mínimo el 20%. Otros como Brasil y Sudáfrica, cercanos al 50% hacen prácticamente imposible la importación de productos chinos. Otro factor a tener en cuenta y no menos importante, es que China no es tan competitivo en precios como lo era hace unos años atrás. Si en los años 70 y 80 las multinacionales comenzaron relaciones con proveedores en el sur del país cerca de Hong Kong, pronto tuvieron que acercarse a Shanghai, ya que los costes en el sur eran cada vez más altos. La producción en la última década fue deslocalizándose cada vez más a las provincias del norte cerca de Beijing, ya que la mano de obra seguía siendo muy barata y ofrecían proveedores todavía competitivos. Pero es una realidad que hoy en día los precios de producir en China han aumentado muy considerablemente en todo el país. Países como Bangladesh, Pakistán, India, Camboya o México están compitiendo con precios difíciles de igualar por las empresas chinas.

Entonces, si el futuro de China no pasa únicamente por ser la mayor fábrica del mundo, ¿cuáles son los planes de un país con el tamaño de un continente que tiene que “dar de comer” todos los días a más de 1.300 millones de habitantes y que no va a conformarse con ser la segunda economía del planeta, sino con alcanzar el primer puesto antes del año 2020?

Como medidas a corto plazo y para amortiguar lo que sería un aterrizaje forzoso de consecuencias incontrolables, el gobierno ha aumentado el gasto público para que la música no pare de sonar: incrementos desorbitados en el gasto de defensa, infraestructuras y servicios. Además, se está incentivando el crédito barato a través de los bancos y entidades estatales. Pero desde Pekín saben que esta no es la solución y existen dos desafíos que tienen que controlar para que esto no se convierta en sólo un despilfarro y provoque mayores problemas en el futuro: el primero es asegurar que no se cree una burbuja inmobiliaria (la construcción supone ya el 15% del PIB) y el segundo y no menos importante, asegurar que la clase media de ninguna manera se reduzca, sino todo lo contrario; políticas que llevasen al fracaso de cualquiera de estos dos temas capitales, tendría unas consecuencias nefastas para el país. Para ello, como principal objetivo en los próximos años, China se propone aumentar el consumo interno real de la población. Por un lado, apoyará a todas las empresas chinas para que sean competitivas en el mundo no sólo como fabricantes, sino como marcas. Ya existen ejemplos de empresas telefónicas chinas de éxito que no son un simple marca blanca, sino grandes corporaciones con los mejores avances tecnológicos dispuestas a entrar en los rankings de compañías más valoradas por el consumidor. Innovación y competitividad en los mercados serán los ejes de las próximas políticas que impulsarán a China a una apertura a los mercados internacionales, “comercializando” productos terminados y marcas. Atrás quedarán décadas en las que todas las empresas chinas eran simples receptoras de pedidos. Ahora toca dar el siguiente paso.

El futuro de China y su repercusión para las compañías internacionales de retail

Para llevar a cabo los objetivos anteriores, el gobierno potenciará aún más la migración de la población que vive en el campo hacia las grandes ciudades. Aquí es donde se desarrollará el país y donde los trabajadores podrán consumir para que la economía se relance de nuevo a pasos agigantados. Para que esto sea una realidad, la reforma del estricto permiso de residencia chino, conocido como hukou es inminente. Este permiso, con más de 60 años de implantación en China, se ha vuelto un problema para el actual proceso de urbanización del país. Se trata de un permiso de residencia que implica que los ciudadanos chinos pierdan derechos al emigrar a las ciudades como la asistencia médica o la educación, por lo que muchos aunque viven en las ciudades, cuentan como personas que viven en las zonas rurales, sin acceso a los servicio de salud, educación, pensión…La reforma de este permiso permitirá que quienes vayan a trabajar en las ciudades no vivan en la marginalidad. Tal y como recoge el plan de industrialización, el gobierno chino facilitará el acceso a la población de los permisos de la población que dará derechos plenos como residentes urbanos.

Con todos estos planes se prevee un replanteamiento de las ciudades hasta 2020 que cambiará el país para siempre. En 1978 no existían ciudades de más de 10 millones de habitantes en China y solo dos tenían entre 5 y 10 millones. En 2010, seis ciudades tenían ya más de 10 millones de habitantes y diez, en las que residían entre 5 y 10 millones de personas. Se calcula que entre 2014 y 2020 unas 66 millones de personas migrarán del campo a la ciudad. Estos movimientos migratorios suponen que el 60 por ciento de los casi 1.400 millones de chinos residirán en ciudades, un 8 por ciento más que en la actualidad. Esta revolución demográfica supone pensar cómo se diseñarán las ciudades del futuro en China y el gobierno ya se ha puesto en marcha. Los detalles de este proceso están recogidos en el “Nuevo Plan de Urbanización Nacional 2014-2020″ que se anunció en marzo. Este plan es parte de uno de los más acelerados procesos de urbanización de la historia y costará unos 7 trillones de dólares (la mitad del PIB de Estados unidos). Y es que, como casi todo en China, sorprenderá por la rapidez de su ejecución y lo sorprendente de sus cifras. Y es que en el año 2020, las ciudades medias del país tendrán 13 millones de habitantes. Este proceso de urbanización no es fácil y cuenta con varios retos: contaminación, tensiones sociales, problemas de tráfico. El copresidente de la Urban China Initiative Jonathan Woetzel, asegura que estos problemas se resolverán mediante tecnología.

Si los planes salen bien, en el año 2020 China será el mercado retail más grande del mundo con más de 1400 millones de habitantes, el 70 % residiendo en ciudades de 13 millones de población. Crecerá la clase media de forma exponencial y contará con grandes empresas nacionales compitiendo por los primeros puestos de los rankings en sus respectivos sectores a escala mundial. La renta per capita aumentará en más de un 100% y esto potenciará el consumo interno a ritmos nunca vistos. Pocos países serán tan interesantes para los retailers internacionales. Pero sin lugar a dudas, la competencia será más dura y los estándares de los consumidores chinos y sus exigencias crecerán como mínimo, como lo hará el PIB del país cada año.

En definitiva habrá todo un mundo de oportunidades, pero  sólo los mejores y más rápidos sabrán aprovecharlas.

Adjunto gráficos de Economist Intelligence Unit:

economist size of retail markets

 

megalopolises economist

SOBRE EL AUTOR:

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